martes, 9 de junio de 2009

¡Presentes!

José Miguel Gràcia *
(Artículo publicado en La COMARCA del Bajo Aragón el 9 de junio y remitido por sus autor)

No se me ocurre otro título mejor para encabezar estas líneas, cosa que ustedes entenderán inmediatamente. Unos días antes de aprobarse la Ley de la Memoria Histórica, estábamos haciendo turismo mi mujer y yo por los espléndidos paisajes del llamado Reino de Los Mallos (Huesca), como ustedes saben: Ayerbe, Loarre, Riglos, Bolea… No podía faltar una visita al pueblo de Agüero con su imponente vista de Los Mallos. El caso es que al acercarme a la puerta románica de la Iglesia del Salvador, con su magnífico pantocrátor en el centro de la arcada, vi que a mi mano izquierda, sujeto en cuatro puntos al murete, había una placa de mármol blanco con la inscripción “ETERNA PRESENCIA”, después el yugo y las flechas, “JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA” y diecisiete nombres más. Comenté en voz alta: —¡Y yo que creía que ya no quedaban inscripciones de este tipo en las fachadas de las iglesias! Supongo que la Ley de la Memoria Histórica nada les va a aportar pues ya tienen garantizada su presencia eternamente. Por respeto a los muertos que figuraban en la lista y a todos los muertos de la guerra civil y de todas las guerras, bien harían las autoridades eclesiásticas y políticas en descender la placa y colocarla dentro de la iglesia. De todas formas, la ideología de José Antonio y las flechas no sé como casarían con la religiosidad de los fieles. Y aquí se acabó mi comentario, tras haber dejado constancia digital en mi cámara, de una buena muestra del románico.
Posteriormente, pero bastantes meses después, y en una de las tantas veces que iba a buscar aparcamiento detrás de la iglesia de Alcañiz, miré fugazmente la fachada principal y pude leer unas grandes letras gravadas directa y profundamente en la piedra que decían “JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA”. Como una ráfaga me vino al recuerdo la placa de mármol de la iglesia de Agüero. Después de aparcar el coche, me detuve delante de la fachada de la excolegiata de Santa María la Mayor y miré la lista de nombres pintados sobre los bloques de sillería, encabezados por el de Rosa Bríos, falangista alcañizana que el Google nos encuentra como “Residencia Juvenil Rosa Bríos de Albarracín, y ciento tres nombres más. ¿Cuántas veces había visto la fachada de la excolegiata con todos los nombres de los caídos, como antes se decía, de un solo de los bandos contendientes? ¿Por qué reaccioné de aquella forma ante la iglesia de Agüero y hasta este momento no lo había hecho ante el JOSE ANTONIO que tenía delante, grande y esculpido en la piedra? Seguramente el hábito de haberlos visto mil veces, me impidió la aprehensión del significado, y consecuentemente el razonamiento y la reacción. Nunca acabamos de entendernos a nosotros mismos.
Casi seguro que encontraríamos más ejemplos en otras ciudades y pueblos, pero los dos comentados de Agüero y Alcañiz son los que tenemos “presentes”. Que quede bien claro que siento el mismo respeto por todos y cada uno de los muertos de la “incivil” e innecesaria guerra. Tengo el convencimiento de que el mantenimiento de nombres y símbolos todavía en los atrios y fachadas de las iglesias, no responde al respeto de los muertos sino a su significación ideológica desde hace 70 años. En cualquier caso, si algún grupo o sector de la sociedad sale perjudicado, no es otro que el de los fieles católicos y su jerarquía al recordarnos cual fue su posición con respecto a la dictadura franquista y los límites de su caridad y perdón. Si se hubiese querido buscar el equilibrio, en algún lugar público de Alcañiz habría unas grandes listas de los muertos del bando contrario, aunque fuese en alguna pared del cementerio, donde acabaron su recorrido algunos camiones y muchas vidas.
A día de hoy, no me gustaría ver la lista a la que últimamente me he referido, como tampoco me gusta la de la fachada de la excolegiata. Seguramente la pintura durará más años que el recuerdo de sus familiares. Si esto ha sucedido ya con algunos nombres o pueda suceder con los otros, los nombres serán solo unas letras y los restos de pintura serán también solo eso. Las interpretaciones históricas de los hechos, cuanto más alejadas, más objetivas serán. Cuanto más resplandezca la verdad más se honrará la memoria de los muertos.
Quiero decir para terminar que, tanto la placa de Agüero como las inscripciones en la fachada de la iglesia de Alcañiz, no me gustan en absoluto por la ideología que representan, por la presencia de José Antonio Primo de Rivera, y las flechas, menos aún. Estas cosas ya pasaban en los templos egipcios con las inscripciones laudatorias de los faraones que algunos sucesores se esforzaban en vaciar u ocultar con nuevas alabanzas a ellos mismos. No creo que sea nuestro caso. Si no existiese todavía tanta ideología franquista o integrista, reconvertida aparentemente a la democracia, en nuestra sociedad, de las dos paredes de los ejemplos, habrían volado los “¡presentes!”.
*Escritor

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