domingo, 20 de septiembre de 2009

De la cullida de 1944





Los más viejos del lugar recuerdan lo fructífera que fue la cosecha de 1944. Para conmemorarla, los nacidos en aquel año en Belmonte/Bellmunt o descendientes de esta población, nos reunimos en la ermita de San José el sábado 19 de septiembre acompañados de nuestros respectivos cónyuges. Fue una jornada, sin duda, inolvidable por lo entrañable. Sólo faltaron Alfredo Guardiola y su mujer, Marí Carmen Ruiz, por encontrarse de viaje.
Para celebrar nuestro 65 cumpleaños no nos limitamos a ocupar la antigua casa del ermitaño, aneja a la ermita, sino que para dar cuenta de la suculenta paella cocinada por Carmen Villegas en el bar del pueblo, ocupamos el comedor del santuario, el mismo en el que antiguamente el clero y las autoridades se reunían para comemorar las grandes solemnidades de la localidad. En la sobremesa, Juan José Belbis, felizmente jubilado del quehacer hospitalario al servicio de la Seguridad Social, nos deleitó con una interminable retahíla de chistes magníficamente contados y hasta representados.
Por gentileza del marido de Josefina Bayod, Carlos, las mujeres fueron obsequiadas con claveles rojos. A media tarde, llegaron las fotos para la posteridad. Estas imágenes seguro que saldrán en el libro que el nieto de Alberto Bayod publique en el siglo XXII, dedicado a "La fotografía y su reflejo social. Belmonte, 1940-2060". En primer lugar, la foto completa de familia. Y luego los siete de la fama: Arriba, de izquierda a derecha, Paquito Rebullida, Ramón Mur, Juanjo Belvis y Cosme Mir. Abajo, Josefina Bayod, Encarnita Bosque y María Josefa Villarroya.
Teresa Tomás hizo dos brazos de gitano para la ocasión del que algunos tripitieron. Encarnita, un rápido con salpicones de chocolate. Ramón Mur y Paquito Rebullida se retaron a hacer la mejor tortilla de patata que fue degustada en la bodega de los Rebullida como para rematar el día. Susi Manjón se anticipó a mostrar sus preferencias por la de Ramón, claro, pero Josefina Bayod se negó a emitir su juicio y, a partir de ese momento, nadie dijo si le agradaba más la de Ramón o la de Paquito.
En resumen, que fue un día de esos en los que se demuestra que con poco es fácil de contentar a esta especie humana de la que formamos parte. Ah, y al año que viene, celebraremos los 66. Por cierto, que en la comida, después de la paella, a los postres, se brindó porque todos los presentes lleguemos a cumplir los cien años. ¡Que todos los veamos!

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